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Política - BPC

Gabriel GabbianiOpinión por Gabriel Gabbiani

La radical conclusión del titular del Ministerio del Interior (MI), Eduardo Bonomi, luego de su comparecencia ante la Comisión Permanente del Poder Legislativo no puede sorprender a nadie: la culpa de los homicidios y de la inseguridad es de los medios de prensa y de la oposición.

Cuesta entenderlo, pero así lo razona él.

El denuesto emitido por el Secretario de Estado es uno más de aquellos a los que nos quieren acostumbrar algunas de las figuras del actual gobierno.

Y a los que, mal que les pese, nos resistimos a habituarnos.

“La valoración de la oposición y los medios sobre los homicidios de los primeros años es desmesurada. Se trata de un fenómeno coyuntural y transitorio”, aseguró muy suelto de cuerpo mientras el país se sacudía de uno a otro extremo con nuevos hechos de violencia.

Curiosa evaluación que, naturalmente, no compartimos.

Entre otras cosas porque parecería, en principio, que el hecho de perder la vida no es un fenómeno “transitorio”, sino más bien “definitivo”.

La convocatoria, realizada el lunes 16 para que el ministro informara las medidas previstas por el gobierno para combatir la inseguridad, finalizó sin consecuencias políticas, y sin expresiones de respaldo o disconformidad, ya que no hubo ninguna votación al finalizar el debate.

Bonomi se limitó, durante la mayor parte del tiempo, a guardar silencio y escuchar las expresiones de los legisladores, dilatando la jornada a través de las lecturas de sendos informes y respondiendo en forma evasiva.

Las cifras oficiales -queda por cuenta del lector aceptarlas o no, a la vista de lo acontecido en enero de 2011, cuando el entonces director del Observatorio Nacional de Violencia y Criminalidad, el sociólogo Rafael Paternain, renunció a su cargo por discrepancias con la presentación de las cifras de delitos manipuladas que había realizado días antes precisamente Bonomi- indican que la sociedad uruguaya tiene hoy aproximadamente 9.600 reclusos, un 70% de los cuales es reincidente.

Pero además, los hechos delictivos han sufrido una fuerte escalada en crueldad y virulencia.

El gobierno, adormecido desde hace tiempo, sigue negándose a despertar. Está lo suficientemente claro no ya que la política de seguridad pública ha sido un rotundo fracaso, sino que ella ni siquiera existe, lo que es aún más grave.

Pero Bonomi tiene otra óptica: para él, la mayor parte de la población delictiva cursó su infancia o juventud en la década del ’90, durante la cual, según su opinión, no hubo acciones sociales que previnieran el delito. Dicho de otra manera, la culpa de los asesinatos de ahora es de los gobiernos de hace 10, 15 y 20 años. Para él, los homicidios “no son tales, sino hechos sociológicos normales".

Comparar las administraciones fue un error estratégico del ministro porque, respecto a un tema tan sensible como la inseguridad, la ciudadanía no requiere asimilaciones, sino respuestas y acción. El tema de la famosa “herencia maldita” hace largo rato que genera rechazo en la población, a la que no se le escapa que ya van casi 7 años de gobierno del partido actualmente en el poder sin que los graves problemas para los cuales afirmaba tener la solución, hayan desaparecido o, siquiera, mitigado.

Es un lapso importante como para llevar adelante distintos emprendimientos. En 1945, al fin de la 2ª Guerra Mundial, Alemania, Japón e Italia, derrotados, quedaron hechos trizas en su infraestructura, en su economía y en su fuerza de trabajo (ciudades enteramente destruidas, millones de ciudadanos muertos, renta per cápita considerablemente disminuida, etc.). Sin embargo, entre 1948 y 1952, Europa Occidental protagonizó el mayor crecimiento económico de su historia, y a partir de ese año tuvo una década más de crecimiento sin precedentes reflejados en un aumento maravilloso del nivel de vida. Alemania -al igual que Japón- tuvo una sorprendente recuperación económica, y para comienzos de la década del ’60 era una potencia económica y su presencia en el comercio internacional superaba a la de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), lo que no habían conseguido ni Francia ni Gran Bretaña, a pesar de su mayor peso político.

Reconstruir demandó trabajo, esfuerzo y sacrificio, pero nadie habló de la “herencia maldita” de la guerra sino que, antes bien, los ciudadanos se abocaron a trabajar, a reconstruir sus países y a sacarlos de la miseria.

Como ejemplo para Bonomi, parece suficiente.

Pero la temeridad del Secretario llegó al extremo de afirmar que los 22 homicidios acaecidos desde comienzo de año hasta la interpelación (ahora la cifra ya superó los 30) se debían, entre otras causas, a que “los días en verano son más largos”. El absurdo no quedó en eso, sino que Bonomi sorprendió al señalar que entre 2010 y 2011 se abrieron 40.000 nuevos locales comerciales -otra cifra difícil de constatar- lo que aumentó el riesgo de delito. La solución parecería ser, entonces, que se cerraran los comercios o que, al menos, abrieran al público durante pocas horas.

Todos son culpables de lo que pasa, menos el propio ministro, que un día sí y otro también, le pide colaboración a la ciudadanía, sin devolver nada a cambio.

Podría ser gracioso si no fuera triste, pero ni los gobiernos anteriores, ni los legisladores opositores ni los medios de difusión, son culpables de la incompetencia del actual gobierno a la hora de encontrar soluciones.

La oposición no es la que debe elaborar la política de seguridad ciudadana ni instrumentarla. Para eso resultaron electos otros.

Y los periodistas, por regla general, no esgrimen revólveres, granadas u otros medios idóneos para segar la vida sino que, antes bien, manejan bolígrafos, libretas, grabadoras, cámaras fotográficas, computadoras y demás.

Nada, con certeza, de lo que pueda salir una bala.

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